Código QR para imprimir en 3D

Pega tu enlace, elige colores y descárgalo en 3MF a dos colores listo para tu impresora. Soporte de mesa, llavero o placa. Gratis y sin registro.

Tu código

El objeto impreso — gíralo con el ratón

Preparando la vista 3D…

Estilo del código
Colores del objeto (base y código)
Centro del código (opcional)

Objeto para imprimir

El STL es para impresoras y programas antiguos: no guarda color, son dos piezas sueltas.

100 % privado. Tu enlace, tu contraseña de wifi y tu logo no se suben a ningún servidor: todo se genera dentro de tu navegador.

ANUNCIO

Cómo funciona, en 3 pasos

    Qué es exactamente un código QR para imprimir en 3D

    Un código QR impreso en 3D no es una pegatina ni un papel plastificado: es una pieza sólida en la que el código está formado por un relieve de aproximadamente un milímetro y medio sobre una base de otro color. El móvil no lee «relieve», lee contraste, así que lo que hace que funcione no es la altura sino que las dos partes tengan colores claramente distintos. De ahí que esta herramienta te haga elegir los dos colores desde el principio y te avise cuando la combinación no va a dar suficiente contraste.

    La diferencia práctica frente a imprimir el QR en papel es la durabilidad y la presencia. Un soporte de mesa con la carta de un restaurante aguanta años de limpiezas, salpicaduras y manos; una pegatina se despega en semanas. Un llavero con tu Instagram se guarda en el bolsillo; una tarjeta de papel acaba en la papelera. Y un cambio de carta o de promoción no obliga a reimprimir nada, porque lo que cambia es la página a la que apunta el enlace, no el objeto.

    Por qué el archivo se descarga en 3MF y no en STL

    El STL lleva casi cuarenta años con nosotros y solo sabe describir una cosa: la forma. No guarda colores, ni materiales, ni unidades. Para un código QR eso es un problema serio, porque la pieza necesita dos colores por definición: si abres un STL en tu laminador tienes un bloque de un solo color donde el código es invisible.

    El 3MF es el formato que la industria adoptó precisamente para resolver eso. Es un contenedor que guarda la geometría junto con los colores, los materiales y las unidades. El archivo que genera esta herramienta contiene dos objetos separados —la base y el código con el texto— cada uno con su color asignado. Cuando lo abres en Bambu Studio, PrusaSlicer, OrcaSlicer o Cura, el programa ya te muestra las dos piezas colocadas y coloreadas: solo tienes que decirle qué filamento va en cada una y dar a laminar.

    Si tu impresora es de un solo filamento tampoco te quedas fuera. Como el relieve empieza exactamente a la altura de la base, basta con programar una pausa de cambio de color en esa capa: la máquina se detiene, cambias la bobina y sigue. El resultado es idéntico al de una multimaterial. El STL se ofrece igualmente, comprimido en un ZIP con las dos piezas por separado y un archivo de instrucciones, para quien use programas antiguos que no admiten 3MF.

    El tamaño importa: la regla del milímetro y medio

    Cada cuadradito del código se llama módulo, y en impresión 3D hay un mínimo práctico: 1,5 mm por módulo. Por debajo de esa medida la boquilla de la impresora, que suele tener 0,4 mm, redondea las esquinas y el código se emborrona hasta dejar de leerse. La herramienta calcula esa medida en tiempo real mientras mueves el tamaño de la pieza y te lo marca en rojo si te quedas corto.

    Hay dos formas de arreglarlo cuando ocurre. La primera es agrandar la pieza. La segunda, casi siempre mejor, es acortar el enlace: un QR con una dirección de treinta caracteres tiene bastantes menos módulos que uno con una dirección de ciento veinte, así que cada cuadradito sale más grande sin tocar el tamaño del objeto. Un acortador de enlaces gratuito resuelve el problema en un minuto y además te deja cambiar el destino más adelante sin reimprimir la pieza.

    Cuál de los tres objetos te conviene

    El soporte de mesa es una cuña inclinada pensada para quedarse de pie en una mesa o un mostrador. La cara del código mira hacia arriba y hacia el cliente, lo que además hace que se imprima sin necesidad de soportes: se apoya en su propia base. Es la opción para cartas de restaurante, para el clásico «déjanos una reseña» junto a la caja y para mostradores de recepción.

    El llavero es una plancha plana de tres milímetros con el agujero de la anilla ya incluido. Se imprime tumbado, muy rápido, y sale barato por unidad, así que es lo lógico cuando necesitas cantidad: bodas, ferias, congresos, regalos de empresa o tarjetas de visita que la gente se guarda de verdad.

    La placa de pared es una plancha algo más gruesa con dos agujeros arriba para colgarla o atornillarla. Es lo que quieres para la wifi de un apartamento turístico o un hotel, para señalizar información junto a un producto, o para dejar un contacto permanente en la entrada de un local.

    El QR de la wifi, el más agradecido de todos

    Los códigos de wifi usan un formato estándar que entienden tanto Android como iPhone desde hace años: al apuntar la cámara, el teléfono ofrece conectarse a la red sin escribir la contraseña. Para un alojamiento turístico es la diferencia entre que el huésped teclee veinte caracteres con mayúsculas y símbolos, o que se conecte en dos segundos. Una placa colgada junto al router o en la pared del salón resuelve una de las quejas más habituales de los huéspedes por menos de lo que cuesta un café.

    Un aviso sensato: ese código contiene la contraseña de tu red en texto legible para cualquiera que lo escanee. Es exactamente lo que quieres en una vivienda de alquiler, pero conviene pensárselo dos veces antes de colgar el de tu casa en un sitio visible desde la calle. En cualquier caso, esa contraseña nunca sale de tu dispositivo: el código se genera en tu propio navegador.

    ANUNCIO

    Ideas de uso

    Lo mismo que hace una pegatina, pero que dura años y se nota.

    Preguntas frecuentes

    ✅ Tu archivo se está descargando

    ANUNCIO